Había una vez un hombre llamado Lot y su familia en la tierra de Canaán. Vivia en la misma tierra de Abraham, que era un pariente suyo muy sabio. Sin embargo, con el paso del tiempo, la tierra se volvió demasiado pequeña para todos sus animales.
Un día Abraham fue a Lot y le dijo: Esta tierra es demasiado pequeña para todos nosotros y nuestros animales: debemos irnos. Tú eliges un camino, yo iré por otro. Lot su familia y sus animales se trasladaron allí y se establecieron en la ciudad de Sodoma.
Lot miró a su alrededor y vio una tierra exuberante y fértil con abundante agua y pasto para sus animales. Era el valle del Jordán. Intrigado y seducido por su belleza, Lot decidió trasladar allí a su familia y a sus animales. Finalmente se establecieron en la ciudad de Sodoma.
Y entonces Lot se dio cuenta de que la gente de Sodoma era cruel y malvada. Estaba muy desconsolado porque él y su familia tenían buen corazón. A medida que la situación se complicaba más, Dios se enojó mucho con la gente del país. Pronto, dos ángeles fueron enviados para advertir a Lot que Sodoma y la cercana ciudad de Gomorra serían destruidas debido a su maldad.
Los ángeles instaron a Lot: "¡Apúrate! ¡Toma a tu esposa y a tus dos hijas y sal de este lugar!" Sin embargo, Lot y su familia no se movían lo suficientemente rápido, por lo que los ángeles los tomaron de la mano y los sacaron de la ciudad. Uno de los ángeles advirtió: "¡Huyan para salvar sus vidas! No miren atrás. Corran a las montañas o perecerán".
Siguiendo las indicaciones de los ángeles, Lot y sus hijas corrieron fuera de Sodoma. No se detuvieron ni miraron atrás. Desafortunadamente, la esposa de Lot desobedeció este mandato. Mientras se distanciaban de Sodoma, ella se detuvo y miró hacia atrás. Como consecuencia de su desobediencia, se convirtió en una estatua de sal. Fue un momento trágico y conmovedor.
De esta historia aprendemos una lección importante: aquellos que obedecen la guía de Dios son salvos, pero aquellos que no muestran obediencia pueden perecer. Esta historia nos enseña sobre la importancia de seguir las instrucciones de Dios y las consecuencias de la desobediencia.
Por eso, la historia de Lot y su familia en la tierra de Canaán sirve como un recordatorio eterno del valor de la obediencia y las consecuencias de alejarnos de lo que se nos ordena hacer.





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