Érase una vez, en los días posteriores al gran diluvio, los descendientes de Noé se multiplicaron y llenaron la Tierra. Entre ellos se encontraba un hombre llamado Nimrod, bisnieto de Noé. Pero a diferencia de sus justos antepasados, Nimrod eligió un camino de oscuridad y maldad. Le gustaba cazar y matar animales e incluso se encargó de gobernar a sus semejantes como rey. Sin embargo, sus acciones no agradaron a Dios, porque el corazón de Nimrod estaba lleno de maldad. Durante este tiempo, todos los habitantes de la Tierra hablaban un solo idioma. Nimrod vio esto como una oportunidad para consolidar su poder y mantener al pueblo bajo su control. Ideó un plan para construir una ciudad magnífica y una estructura imponente que alcanzaría los cielos. Las personas fabricaron ladrillos con diligencia, trabajando juntas para hacer realidad la visión de Nimrod. Pero a Jehová Dios, que todo lo ve y todo lo sabe, no le agradaron las ambiciones del pueblo. Él deseaba que se extendieran y po...