Érase una vez, en un nuevo mundo lleno de maravillas, vivía un hombre llamado Noé. Era un hombre justo, elegido por Dios para emprender un viaje extraordinario. Noé, junto con su esposa y sus tres hijos, Sem, Cam y Jafet, acababan de bajar del arca después de sobrevivir al gran diluvio.
Lleno de gratitud y asombro por la protección y liberación de Dios, Noé supo que tenía que expresar su agradecimiento. Y así, lo primero que hizo fue presentar una ofrenda a Dios. Reunió algunos de los animales que se habían salvado en el arca y se los presentó como regalo al Todopoderoso. Fue un gesto de profunda gratitud y reverencia, una manera de mostrar su aprecio por la misericordia y el amor de Dios.
Jehová, en su infinita sabiduría, consideró con favor la ofrenda de Noé. Se sintió complacido por el acto de adoración de Noé y reconoció la sinceridad de su corazón. Y como muestra de su pacto eterno, Dios le hizo una promesa a Noé. Prometió no volver a destruir el mundo con un diluvio. La tierra comenzó a secarse y Noé y su familia entraron en un nuevo capítulo de sus vidas fuera del arca.
Dios bendijo a Noé y su familia, instruyéndoles a multiplicarse y llenar la Tierra con sus descendientes. Debían ser los mayordomos de este mundo renovado, difundiendo amor, bondad y rectitud dondequiera que fueran.
Sin embargo, Dios entendió que el recuerdo del gran diluvio podría infundir miedo en los corazones de las generaciones futuras. Y así, en Su infinito amor y sabiduría, les dio una señal, un hermoso recordatorio de Su promesa. Pintó el cielo con colores vibrantes, formando un magnífico arco a través del cielo. Este era el arco iris, símbolo de la alianza de Dios con la humanidad.
Cada vez que dejaba de llover y salía el sol, proyectando sus rayos dorados sobre la Tierra, aparecía el arco iris. Sus tonos radiantes llenarían el cielo, cautivando los ojos y los corazones de todos los que lo contemplaran. Y en ese momento, recordarían la promesa de Dios, grabada en los colores del arco iris.
Dios pronunció estas palabras: "Prometo que nunca más todas las personas y animales serán destruidos por un diluvio. Estoy colocando mi arco iris en las nubes como señal de este pacto. Cuando vean el arco iris, sepan que me acuerdo de mi promesa. "
Así que, queridos hijos, la próxima vez que sean testigos de un arco iris adornando el cielo, recuerden la historia de Noé y el gran diluvio. Recuerde el amor inquebrantable de Dios, su fidelidad y su promesa de proteger y apreciar su creación. Deja que los colores del arco iris llenen tu corazón de esperanza, recordándote que las promesas de Dios perduran para siempre.



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