En la impresionante tierra del Jardín del Edén se desarrolla una historia, mis queridos hijos, una historia que involucró a Adán y Eva esta vez las consecuencias de sus acciones serán muy determinantes para la raza human. Atiende bien a esto que te voy a contar no te distraigas, porque es algo sumamente importante.
Una vez, Adán y Eva vivieron en el esplendor de esta morada diseñada especialmente por Dios, disfrutando del amor y el cuidado de su Creador, Jehová Dios. Sin embargo, una sombra cayó sobre su idílica existencia, pues cometieron una grave transgresión. ¿Pueden imaginar lo que fue, mis jóvenes amigos?
Verán, Dios les había concedido la libertad de participar de los abundantes árboles del jardín, saboreando sus deliciosos frutos. Sin embargo, había un árbol, un árbol de fruto prohibido, que Dios había reservado únicamente para sí mismo. Les había susurrado que participar de su fruto traería consecuencias nefastas, incluso la muerte. Lamentablemente, este conocimiento se ocultó a Adán y Eva, porque Dios deseaba poner a prueba su obediencia y su respeto por los límites. Porque sabemos, queridos amiguitos, que está mal tomar lo que pertenece a otro, ¿no es así?
Un día fatídico, mientras Eva deambulaba sola entre el abundante y bello follaje, una serpiente, una poco común, se acercó a Eva. Sorprendente, ¿no es así? Esta serpiente, jóvenes amigos, no era una criatura común y corriente. Era un recipiente, una herramienta empuñada por otro ser, un ángel que había sucumbido a las traicioneras garras del orgullo.
Este ángel, creado por Jehová mucho antes de que existiera la Tierra, había albergado el deseo de gobernar como Dios y ser adorado en Su lugar. Y así, manipuló y manejó astutamente a la serpiente, haciéndola hablar.
Este ángel, mis queridos hijos, se había convertido en la encarnación del engaño, de la mentira, del orgullo, de lo malo. Atrajo a Eva con sus palabras melosas, tentándola a comer del fruto prohibido, prometiéndole conocimiento, ciencia y poderes divinos. Desgraciadamente, Eva sucumbió al atractivo de su engaño, y Adán luego que Eva cayera también él cayó. Este acto se entendió como un acto de desobediencia al mismo Dios, desafiaron las ordenes y mandamientos de Dios y, por lo tanto, perdieron su preciado hogar, el Jardín del Edén.
Pero no temáis, jóvenes amigos, porque hay esperanza en el horizonte. Dios, en su infinita misericordia, tiene un gran plan para restaurar la Tierra a su antigua gloria, para transformarla en un paraíso similar al Jardín del Edén. Y ustedes, mis queridos hijos, desempeñarán un papel vital en este magnífico esfuerzo. Pero por ahora, dirijamos nuestra atención al destino que les sucedió a Adán y Eva, a medida que su historia irá desarrollándose.

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